Como todos sabéis MAG comenzó a escribir un libro algún tiempo antes de entrar a prisión. Terminarlo allí dentro, es unas de las laboras a las que se está dedicando. En este apartado, iremos publicando algunas páginas de su obra.

PRIMERA PARTE

 

Capítulo 1: Septiembre 2001

En busca de la estabilidad laboral.

 

ME IMPRESIONÓ LA ESTAMPA TELEVISIVA de aquellas enormes y humeantes torres que se desplomaban. La emisión en directo para el mundo entero quedaría grabada en la retina de millones de personas, mientras el presentador del improvisado informativo indicaba el número aproximado de personas que podía haber en el interior, logrando así que, al otro lado de la pantalla, todos imaginásemos con congoja miles de oficinistas retorciéndose entre los escombros calcinados que se desmoronaban. A partir de aquel día, tarde o temprano, alguien volverá a preguntarnos “¿dónde viste la caída de las torres?”. Yo en Alcorcón. En un minúsculo apartamento de alquiler que desde hacía diez días compartía con mi amigo Manolo García, también linarense. Para llegar a mi puesto de trabajo como informático, tomaba casi a diario un tren de cercanías con origen en la estación de Alcorcón hasta Madrid capital y posteriormente un metro que me transportaba hasta el intercambiador de la Avenida de América desde donde tenía que caminar unos diez minutos para alcanzar a mi destino.

                Peregrinar por cualquier calle delirantemente activa de Madrid me inducía la sensación de encontrarme dentro de esas escenas de algunas películas o videos musicales donde el personaje central se mueve a velocidad real mientras todos los demás se desplazan de forma frenética. Esta sensación, que a mí me relajaba por extraño que pueda parecer, se me acentuaba en las galerías del metro. Era como si me tranquilizase comprobar que mi ritmo de vida no se contagiaba del de aquellos chiflados e introvertidos peatones que, tarde o temprano, serían inevitablemente engullidos por el estrés. También es cierto que siempre me he hallado a mis anchas entre una multitud o en medio de un flujo de cuerpos donde las miradas acechan, centellean como flechas, se cruzan y se ignoran.

                Manolo y yo habíamos emigrado a Madrid (él bastantes meses antes que yo) intentando hacer de la informática nuestra forma de vida, aunque todo apuntaba  a  que  no se trataba del mejor momento.¹ Durante mi deambular por

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    ¹ Una legión de reporteros y analistas sociopolíticos de todos los medios de comunicación anunciaban apresuradamente la decisiva influencia de aquel 11-S tanto en los próximos y gigantescos presupuestos armamentísticos, como en el panorama geoestratégico.

 

 

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Capítulo 1 - Desde septiembre de 2001 hasta mayo de 2002

 

 

aquella gigantesca urbe, la sombra de un nuevo orden mundial me resultaba mucho más palpable que cuando regresaba a mi Linares natal. En Madrid se percibía la tensión en el aire, en los ascensores, en las caras preocupadas de la gente durante acciones tan cotidianas como el huidizo cruzar la calle atravesando un paso de peatones. En contraste, por Linares todo seguía igual. Tenía la oportunidad de comprobar esta diferencia porque, gracias a la planificación de turnos de mi trabajo, podía regresar a mi ciudad una o dos veces al mes. Y comparar.²

               

                El fallecimiento en Estados Unidos de dos trabajadores de Correos por contaminación con polvo de ántrax, sin que el FBI lograse localizar la fuente de la correspondencia siniestra, desencadenó el miedo hacia ataques bacteriológicos alrededor del planeta. Lo curioso e inquietante es que de igual forma que se presagiaban grandes y decisivos cambios a nivel global, una especie de conciencia interior me avisaba también de cambios en mi vida, a nivel particular. Cambios que quizá no sucediesen durante los pocos meses que quedaba a aquel 2001, pero que muy pronto ocurrirían para cambiar mi devenir personal y que instalaron totalmente la alerta mundial en el interior de mi espíritu individual.

 

                Un par de meses después de aquel atentado, los responsables de mi empresa, Planet On the Go – Indra Sistemas, cambiaron mis turnos de trabajo con lo que pasé a trabajar cinco días seguidos y descansar otros cinco seguidos.

                Aquella modificación me parecía fantástica porque me permitía volver dos o tres veces al mes a mi tierra. De esta forma disfrutaba en ella de fines de semana completos (viernes noche, sábado, y domingo) además de poder recontarme con mi entorno para salir por los locales de música, ocio y juventud. Tenía varias opciones para rodearme de amigos:

 

                Mi primera elección siempre era el grupo con el que me relacionaba desde hacía casi una década:

                Gerardo Sotés, excelente amigo y aglutinante del grupo supongo que debido a que solía preocuparse por su gente más de lo que exteriorizaba y a…

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    ² La diferencia tenía su lógica, ya que en Madrid existía la psicosis de un posible atentado terrorista. La sombra de las bombas y de los casi 3000 asesinados en las Torres Gemelas planeaba sobre cada viaje en metro, mientras que en Linares todo el mundo pensaba (y piensa) “¿Quién vendría a cometer un atentado a esta ciudad tan pequeña?”.

 

 

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Capítulo 2: Junio 2002

Amigos en contacto permanente.

 

                EN JUNIO ORGANIZÓ UN BOTELLÓN EN LA ESTACIÓN DE MADRID junto a unos cuantos conocidos para celebrar que cumplía diecisiete años, conectándose al día siguiente a Internet para detallarme las incidencias. Según su crónica, además de que no se lo pasó muy bien porque no acudió la gente que ella esperaba, terminó un poco desanimada, pisando un cristal que le produjo una herida incisiva en un pie, corte que requirió varios puntos de sutura.

 

                Acerca de la salud, nuestro estado se nos antojaba aceptable. Estíbaliz solo se preocupaba de su peso y, sobre todo, por su irregular menstruación, ya que según afirmaba, necesitaba medicarse fuertemente para poder soportar los insufribles dolores que esta le generaba. Además de ese malestar, aseguraba encontrarse casi siempre resfriada. Nada más le inquietaba en su salud.

                Yo le comenté que era hipotenso y que en mi espalda habitaba la escoliosis desde los dieciséis años con los frecuentes dolores que, en mi nuevo trabajo al volante, ésta me provocaba. Aunque me negaba a ir al médico porque estaba seguro de que me daría la baja laboral, faena que yo no quería atizarle a la empresa que tan estupendamente se estaba portando conmigo.

 

                Durante aquellos días el Gobierno del Partido Popular vivió en sus carnes una huelga general, después de ocho años sin que se convocara ninguna. ¹² En la oficina quisimos quedar bien con nuestro patrón abriendo al público aquel jueves 20 DE JUNIO, sabiendo que pronto nos veríamos obligados a cerrar ante la presencia de piquetes. Como teníamos previsto, media hora después de subir nuestra verde persiana mecánica y encender las luces del establecimiento, aparecieron unos 50 o 60 sindicalistas detonando petardos, coreando consignas contra los esquiroles y colocando pegatinas en nuestro escaparate, ante lo que Inma, entre los aplausos de los manifestantes, accionó el mando a distancia para bajar la persiana concluyendo así nuestra jornada  laboral.  Al  salir  llamé a  Manu

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      ¹² El motivo fue el denominado “decretazo”. El decreto en sí suponía un recorte en las prestaciones por desempleo, además de dificultar el acceso a ellas. Esta huelga tuvo especial incidencia en Andalucía, ya que tocaba de manera directa al PER y al número de jornadas exigibles para obtener subsidio.

 

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Capítulo 2 – Desde junio de 2002 hasta finales de agosto de 2002

 

Maldonado con intención de conocer qué planes tenía. Junto a su hermana Silvia, a Trapi, a la novia de Trapi y al hermano de Trapi, pasamos el día en el pantano. Posteriormente los seis comimos en casa de los hermanos de Vilches, con su madre. Y finalmente acudimos al chalet del padre de la novia de Trapi, en la carretera Banos, en cuya piscina estuvimos bañándonos y haciéndonos unas fotos en grupo. ¹³

 

                Entre el inagotable número de asuntos restantes, objeto de nuestras conversaciones de JULIO, mes en el que se intensificó nuestro contacto, también se encontraban nuestras respectivas mascotas. Al igual que el día que nos conocimos en el evento de #linares_internet, incidió en cierta ocasión en que a quien más quería de su casa era Wally, una perra sin raza que había adoptado cuando no era más que una cachorrita abandonada en plena calle. En mi familia por el contrario, aunque habíamos tenido un par de perros (Superman y King) nos habíamos vuelto gatunos desde que en mil novecientos ochenta y nueve adoptamos nuestra primera gata, Tina, que falleció tres años después en extrañas circunstancias. Poco tiempo después, Kika, siamesa de intensos ojos azules nacida sin rabo, fue nuestra segunda mascota al serme regalada por mi amigo Lorenzo, pero falleció en el año dos mil tras so superar el post-operatorio de la extirpación de un tumor en un ovario. Tras los berrinches de Tina y Kika me propuse y nos propusimos no volver a tener más gatos, pero las amigas de mi madre no tardaron en presentarse en nuestra casa con una caja de catón que contenía otra gata de unos meses de edad a la que llamamos Kuky, y exactamente igual que la anterior pero con rabo.

 

                El SÁBADO 3 DE AGOSTO DE 2002  suponía el primer día de unas vacaciones que durarían hasta el dos de septiembre, gracias a que mi jefe me había autorizado el disfrute ininterrumpido de dos periodos de quince días, aunque no había completado un año de trabajo en la empresa.

                Bien avanzada la tarde, salí de casa para reunirme con varios amigos, entre los  que  se  encontraban  el  Piña  y  el  Anchoa  con  quienes  tenía  previsto presenciar un festival denominado  Aquabreak  que  se  celebraba  en  el 

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      ¹³ La inexcusable guerra de cifras arrasaba al día siguiente en los informativos. Mientras los sindicatos situaron la tasa de participación en el 84%, el Gobierno lo hizo en el 17%. De hecho la Audiencia Nacional condenó a RTVE por la deficiente cobertura hecha de la huelga. El Gobierno dio marcha atrás con su reforma laboral y dimitió el entonces Ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio.

 

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  • #1

    Remedios (lunes, 02 abril 2012 19:19)

    Mag, te pongo un ejemplo de lo que NUNCA, repito, MUNCA se debe escribir en un relato:
    ..."fue nuestra segunda mascota al serme regalada por mi amigo Lorenzo,...".
    Esperaba con impaciencia leer tu experiencia, pero no así: hay que ser más impactante, porque lo que vas a contar lo es.
    Soy novelista. Te pongo un ejemplo. Es el inicio de mi propia novela sobre las víctimas de la LOVG:


    "Hay una idea que no me puedo quitar de la cabeza: ¿Qué habría sido de mí si aquel seis de octubre me hubiera ido a echar de comer a los patos del parque, o a dar una vuelta por la biblioteca, sin sacar ningún libro?

    Es absurdo pensar en lo que no se ha hecho, sobre todo cuando los acontecimientos fueron tan trepidantes. Ahora medito sobre lo que sí ha sucedido.

    Todo empezó por un sorbo y unos labios: los labios que más he amado en mi vida.

    Hoy siento que todo haya acabado así, que no tengamos la más mínima oportunidad de encontrarnos un día, y al vernos, abrazarnos como si tal cosa, preguntarnos por la salud y la familia, como hacen los que han sido buenos amantes y ya no lo son."

    Si quieres, puedes escribirme a remefah@hotmail.com

Capítulo 3: Agosto 2002

Transformada la reciente amistad.

 

                Supongo que nuestra falta de integración dentro de aquel grupo de jóvenes, a pesar de permanecer más de media hora con ellos, se debía a que ni siquiera eran amigos de Estíbaliz, sino de Zoraida, quien se acercó a nosotros y se me presentó diciéndome su nombre y dándome dos besos, aunque yo ya sabía quién era.

                Aquella noche, primera de feria, los tres solos paseamos entre carruseles colmados de niños y jóvenes, tómbolas atiborradas de apostantes y casetas hasta la bola.[1] Después de dar la vuelta de reconocimiento entre las atracciones, nos dirigimos a la terraza de verano ‘El Coto’ para tomar algo, recinto donde aún se podía permanecer allí tranquilamente por ser temprano. Al llegar, nos encontramos con mi amigo Manu Maldonado, que nos conocía a los tres. Este fue otro de los muchos que aquella noche, nos preguntaron si éramos novios, siendo siempre afirmativa nuestra respuesta, obviamente. En poco tiempo perdimos de vista a Zoraida, porque ella también conocía allí a mucha gente. El caso es que cuando Estíbaliz y yo quedamos a solas vimos a “El Piti” enrollándose con una chica. Yo no lo conocía. Estíbaliz me explicó bastante molesta que el Piti fue el último novio de Zoraida, y que hacía tan solo unos días con la pobre excusa de que se iba a trabajar a Zaragoza por mucho tiempo la había dejado.[2] Mientras hablábamos del tema, casualmente llegó Zoraida asegurando sentirse avergonzada de lo que estaba haciendo su ex novio. Sin embargo, Estíbaliz, por el contrario, afirmó que el Piti era quien debería sentirse así,[3] y nos abandonó, caminando totalmente decidida hacia él. “Madre mía, ¿a dónde va ehta, Migueh?”, me preguntaba Zoraida. Una vez al lado del chico, y con absoluto descaro, Estíbaliz interrumpió la escena amorosa gesticulando ostensiblemente.[4]  Pasados un par de minutos  en  los que la  pareja  guardó  un  silencio  guasón,  Estíbaliz  finalizó  su



[1] Al conocer nuestra intención de marcharnos al botellón, Zoraida se apuntó porque, según manifestó contrariada se estaba aburriendo con sus amigos, de quienes nos despedimos para entrar por nuestra cuenta al recinto ferial.

[2] Yo no entendía por qué a Estíbaliz le molestaba tanto que ahora ese tipo estuviese liándose con otra pero tampoco quise inmiscuirme en un tema que desconocía por ser relativo a otra pareja compuesta por personas ajenas a mi vida.

[3] - Nena ¿hah vihto? –el cabello cobrizo de Zoraida caía en cascadas de tirabuzones brillantes sobre su hombros-. Ehtá ahí el Piti con una. Qué vergüenza.

    - Vergüenza le tiene que dah al Piti ¿no? –discrepó Estíbaliz.

    - No sé tía, a mi también me da vergüenza.

    - ¿Pero tú… vergüenza por qué? –respondió Estíbaliz indignada-. Al que tenía que dah vergüenza eh a éh.

    - Ya nena, pero no sé. La situación.

    - Ehperahme aquí, que’hte se va’enterah.

[4] El piti la miraba desde arriba, altivo, sonriente y ciertamente incrédulo ante lo que estaba ocurriendo. Como si ser interrumpido de esa forma le pareciese algo insólito y al mismo tiempo anecdótico o gracioso.

 

 

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Capítulo 3 - Desde finales de agosto de 2002 hasta septiembre de 2002

rapapolvo habiéndose despachado a gusto. Volvió a nuestro lado diciendo “Ya ehtá; vámonoh” y, sin preguntarle qué le había dicho al joven, abandonamos El Coto para regresar al recinto ferial.

                Paseábamos junto al característico estruendo musical que siempre suponen los “coches de choque”, y a quien encontramos de frente fue a Osvaldo. Nos detuvimos a saludarlo no más de un par de minutos en los que nos comentó que iba en busca de sus amigos y, cada uno continuamos por nuestro camino. Estíbaliz me hizo bastante hincapié en que había puesto mala cara al vernos agarrados de la cintura y en que se había quedado estupefacto cuando le confirmamos que éramos pareja. Cierto es que el hombre se quedó un poco parado al vernos pasear así pero yo, ni le noté tan mala cara, ni le noté tan estupefacto.

                Subiendo en algunas atracciones y disfrutando de la visita a numerosas casetas, continuamos divirtiéndonos con la compañía de Zoraida hasta que nos cansamos. Bien entrada la madrugada Estíbaliz nos propuso aprovechando el excedente de camas en su casa. Zoraida podría dormir en la cama de Dariel, y nosotros dos de nuevo sobre el colchón en el salón. Ni a Zoraida ni a mi nos pareció mala idea, así que no tardamos emprender el cortísimo trayecto.

                En nuestro destino, fuimos organizados por la anfitriona, siempre después de haber puesto a tope el aire acondicionado. Zoraida se encontraba alojada en la planta superior cuando Estíbaliz me abandonó un momento para cambiarse de ropa en su dormitorio, regresando con la misma indumentaria para descansar que la noche anterior, es decir, con el top del bikini y el pantalón de pijama rosa. Iniciamos así otra de nuestras interminables conversaciones tratando desenfadadamente la presunta reacción de Osvaldo cuando nos vio, circunstancia que me pareció que no había dejado de rumiar la mente de Estíbaliz. De esta manera me contó que ella y él habían estado viéndose mucho tiempo y, que la Nochevieja anterior, salieron juntos, acabando ambos la velada durmiendo en el almacén de su tienda de informática. Pero me aseguró, sin que yo le preguntase, que su virginidad seguía intacta a pesar de este episodio.

                Otro asunto que no quiso dejar de tratar era mi afición a determinados eventos como la Semana Santa, la música electrónica y el fútbol, a los que, según aseguraba, no le importaría acompañarme, siempre que no se lo impidiesen otras circunstancias, sobre todo las económicas.[71]

                Debido al cansancio, y bien avanzada la madrugada, nos despedimos de la noche, para lo que apagó el aire acondicionado (que estaba dejando la habitación congelada) y adoptamos “la postu” para dormir.



[71] Pero preferiría que nuestra asistencia al fútbol fuese esporádica, de vez en cuando, ya que le parecía bastante caro y un poco coñazo ir al estadio cada dos domingos. Sin embargo, yo pensaba que conforme asistiéndose a diferentes partidos sueltos, conociese a varios de mis amigos y amigas ubicados habitualmente en Fondo Gol, y entrase en el ambiente de aquella zona, vería con mejores ojos que nuestra asistencia fuese más regular, e incluso nos abonásemos alguna temporada.

 

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