CAPÍTULO 3 - EL LIBRO DE MAG

Capítulo 3: Agosto 2002

Transformada la reciente amistad.

 

                Supongo que nuestra falta de integración dentro de aquel grupo de jóvenes, a pesar de permanecer más de media hora con ellos, se debía a que ni siquiera eran amigos de Estíbaliz, sino de Zoraida, quien se acercó a nosotros y se me presentó diciéndome su nombre y dándome dos besos, aunque yo ya sabía quién era.

                Aquella noche, primera de feria, los tres solos paseamos entre carruseles colmados de niños y jóvenes, tómbolas atiborradas de apostantes y casetas hasta la bola.[1] Después de dar la vuelta de reconocimiento entre las atracciones, nos dirigimos a la terraza de verano ‘El Coto’ para tomar algo, recinto donde aún se podía permanecer allí tranquilamente por ser temprano. Al llegar, nos encontramos con mi amigo Manu Maldonado, que nos conocía a los tres. Este fue otro de los muchos que aquella noche, nos preguntaron si éramos novios, siendo siempre afirmativa nuestra respuesta, obviamente. En poco tiempo perdimos de vista a Zoraida, porque ella también conocía allí a mucha gente. El caso es que cuando Estíbaliz y yo quedamos a solas vimos a “El Piti” enrollándose con una chica. Yo no lo conocía. Estíbaliz me explicó bastante molesta que el Piti fue el último novio de Zoraida, y que hacía tan solo unos días con la pobre excusa de que se iba a trabajar a Zaragoza por mucho tiempo la había dejado.[2] Mientras hablábamos del tema, casualmente llegó Zoraida asegurando sentirse avergonzada de lo que estaba haciendo su ex novio. Sin embargo, Estíbaliz, por el contrario, afirmó que el Piti era quien debería sentirse así,[3] y nos abandonó, caminando totalmente decidida hacia él. “Madre mía, ¿a dónde va ehta, Migueh?”, me preguntaba Zoraida. Una vez al lado del chico, y con absoluto descaro, Estíbaliz interrumpió la escena amorosa gesticulando ostensiblemente.[4]  Pasados un par de minutos en los  que  la  pareja  guardó  un  silencio  guasón,  Estíbaliz  finalizó  su



[1] Al conocer nuestra intención de marcharnos al botellón, Zoraida se apuntó porque, según manifestó contrariada se estaba aburriendo con sus amigos, de quienes nos despedimos para entrar por nuestra cuenta al recinto ferial.

[2] Yo no entendía por qué a Estíbaliz le molestaba tanto que ahora ese tipo estuviese liándose con otra pero tampoco quise inmiscuirme en un tema que desconocía por ser relativo a otra pareja compuesta por personas ajenas a mi vida.

[3] - Nena ¿hah vihto? –el cabello cobrizo de Zoraida caía en cascadas de tirabuzones brillantes sobre su hombros-. Ehtá ahí el Piti con una. Qué vergüenza.

    - Vergüenza le tiene que dah al Piti ¿no? –discrepó Estíbaliz.

    - No sé tía, a mi también me da vergüenza.

    - ¿Pero tú… vergüenza por qué? –respondió Estíbaliz indignada-. Al que tenía que dah vergüenza eh a éh.

    - Ya nena, pero no sé. La situación.

    - Ehperahme aquí, que’hte se va’enterah.

[4] El piti la miraba desde arriba, altivo, sonriente y ciertamente incrédulo ante lo que estaba ocurriendo. Como si ser interrumpido de esa forma le pareciese algo insólito y al mismo tiempo anecdótico o gracioso.

 

 

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Capítulo 3 - Desde finales de agosto de 2002 hasta septiembre de 2002

 

rapapolvo habiéndose despachado a gusto. Volvió a nuestro lado diciendo “Ya ehtá; vámonoh” y, sin preguntarle qué le había dicho al joven, abandonamos El Coto para regresar al recinto ferial.

                Paseábamos junto al característico estruendo musical que siempre suponen los “coches de choque”, y a quien encontramos de frente fue a Osvaldo. Nos detuvimos a saludarlo no más de un par de minutos en los que nos comentó que iba en busca de sus amigos y, cada uno continuamos por nuestro camino. Estíbaliz me hizo bastante hincapié en que había puesto mala cara al vernos agarrados de la cintura y en que se había quedado estupefacto cuando le confirmamos que éramos pareja. Cierto es que el hombre se quedó un poco parado al vernos pasear así pero yo, ni le noté tan mala cara, ni le noté tan estupefacto.

                Subiendo en algunas atracciones y disfrutando de la visita a numerosas casetas, continuamos divirtiéndonos con la compañía de Zoraida hasta que nos cansamos. Bien entrada la madrugada Estíbaliz nos propuso aprovechando el excedente de camas en su casa. Zoraida podría dormir en la cama de Dariel, y nosotros dos de nuevo sobre el colchón en el salón. Ni a Zoraida ni a mi nos pareció mala idea, así que no tardamos emprender el cortísimo trayecto.

                En nuestro destino, fuimos organizados por la anfitriona, siempre después de haber puesto a tope el aire acondicionado. Zoraida se encontraba alojada en la planta superior cuando Estíbaliz me abandonó un momento para cambiarse de ropa en su dormitorio, regresando con la misma indumentaria para descansar que la noche anterior, es decir, con el top del bikini y el pantalón de pijama rosa. Iniciamos así otra de nuestras interminables conversaciones tratando desenfadadamente la presunta reacción de Osvaldo cuando nos vio, circunstancia que me pareció que no había dejado de rumiar la mente de Estíbaliz. De esta manera me contó que ella y él habían estado viéndose mucho tiempo y, que la Nochevieja anterior, salieron juntos, acabando ambos la velada durmiendo en el almacén de su tienda de informática. Pero me aseguró, sin que yo le preguntase, que su virginidad seguía intacta a pesar de este episodio.

                Otro asunto que no quiso dejar de tratar era mi afición a determinados eventos como la Semana Santa, la música electrónica y el fútbol, a los que, según aseguraba, no le importaría acompañarme, siempre que no se lo impidiesen otras circunstancias, sobre todo las económicas.[71]

                Debido al cansancio, y bien avanzada la madrugada, nos despedimos de la noche, para lo que apagó el aire acondicionado (que estaba dejando la habitación congelada) y adoptamos “la postu” para dormir.

 



[71] Pero preferiría que nuestra asistencia al fútbol fuese esporádica, de vez en cuando, ya que le parecía bastante caro y un poco coñazo ir al estadio cada dos domingos. Sin embargo, yo pensaba que conforme asistiéndose a diferentes partidos sueltos, conociese a varios de mis amigos y amigas ubicados habitualmente en Fondo Gol, y entrase en el ambiente de aquella zona, vería con mejores ojos que nuestra asistencia fuese más regular, e incluso nos abonásemos alguna temporada.

 

 

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Comentarios: 2
  • #1

    STOP FEMINAZIS (domingo, 11 diciembre 2011 19:32)

    STOP FEMINAZIS
    http://www.stopfeminazis.com/

  • #2

    Garage Door (lunes, 29 julio 2013 23:30)

    Go For It My Friend i believe in You Good Luck


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