Carta I de MAG durante un permiso: Homenaje a Blas Infante.

Aprovechando que me encuentro en casa por el disfrute de un permiso ordinario de salida, mando este e-mail para que los responsables de esta página lo publiquen con motivo del aniversario del fusilamiento del Padre de la Patria Andaluza.

 

 

Carta de doña Angustias a sus hijos sobre la muerte de su padre.

El 2 de agosto de 1936 vinieron los falanges, o los que fueran, a las 1l de la mañana. Mandaba el Sargento Crespo. Se llevaron a Blas. Y la radio y el alta­voz. La orden era aplicarle la ley de fugas.

Llegó a Sevilla. Se lo llevaron por denuncias falsas y la madrugada del 10 al 11 de agosto lo fusilaron en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona.

...Hijos míos, me siento muy mal, y aunque sea a la ligera os pongo unas líneas de cómo se llevaron para siempre a vuestro padre. El día 18 de julio de 1936 estalló la revolución en Sevilla. Vuestro padre salió de aquí en el tranvía de las 4 y media. Al llegar a las cocheras de los tranvías en el barrio de León volvieron los coches con los viajeros que no quisieron entraren Sevilla. Al llegar aquí, llamamos al teléfono de la casa de Sevilla, y ya no funcionaba. Por tanto, vuestro padre ya no se movió de casa hasta que vinieron por él el 2 de agosto del 36, a las 11 de la mañana.

El día 19 de julio de 1936, a las 2 y media o 3, vinieron unos escopeteros obre­ros a recoger las armas. Se llevaron la pistola Star con su cargador, que padre había comprado en Sevilla para defenderse de los pistoleros de Confederación Nacional del Trabajo. Porque en un acto donde habló, dijo al ver el desorden: «Si no sabéis guardar orden en un salón, no podéis aspirar a gobernar. Para gobernar, lo primero orden, cultura. Si no, sólo os esperan las ametrallado­ras». Y se levantó un dirigente diciendo: «No estamos conformes con lo que dice don Blas Infante». Los jefes dijeron que ese hombre estorbaba a la causa y había que matarlo. Llamamos al cuartel y nos enteramos de que nos habían dejado indefensos. Nos cercaron la casa, nos registraron, y sólo se llevaron aquella arma, que era la que servía, con su cargador.

Ya todo siguió quieto hasta el día 2 de agosto de 1936, que a las 11 de la ma­ñana vinieron a registrar la casa, y a llevárselo para siempre.

Cercaron la casa, como a los rojos, y le dijeron que se fuese sin afeitarse y sin nada, y que se despidiera de mí y de vosotros, y que no se preocupase por los papeles de la notaría, que ya vendría otro notario.

María lloró a madre. Luisa se escondió para verlo bien. A Alegría la quité del medio, y a Blas y a María los besó. Y al salir dijo: «Es la primera vez en mi vida que soy corregido y detenido». Salió por la puerta pequeña. Yo, ni lloré ni a unos ni a otros, ni supliqué a ninguno, era una casa honrada, española y cristiana, y era yo el espíritu de la casa, y venían asesinos de uno y otro bando a rebajarla. Lo fusilaron sin dejarlo declarar, ni hacer testamento. En la madrugada del 10 al 11 del 8 del 36 en el km 4 de la carretera de Carmona.

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